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verderón

Los verderones comunes se han adaptado tanto a la vida en zonas donde se hace sentir la presencia del hombre que es difícil encontrarlos lejos de ellas; especialmente en la época de cría permanecen más acantonados en jardines, malezas y huertas próximas a poblaciones.

En algunos países europeos ha aumentado notablemente su número debido a la gran cantidad de alimento, sobre todo semillas y cacahuetes, que les proporcionan los amantes de las aves de jardín; los verderones se reúnen en ruidosos grupos para aprovechar este alimento.
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Son aves sociables en todo tiempo y tienden a criar en colonias de reducido número, utilizando arbustos adyacentes; normalmente tienen dos crías cada verano, y algunos incluso una tercera, de modo que no es raro encontrar aves jóvenes en el nido en fechas muy tardías.
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En invierno pueden abandonar la protección de los arbustos para alimentarse en rastrojos y eriales, con bandos de otros fringílidos y escribanos.

Como corresponde a un pájaro tan sociable, el Verderón Común tiene un extenso vocabulario; sus gritos incluyen un nasal «suip», un grito como de canario y un largo grito de vuelo, mezclando en su canto cierto número de notas en un revoltijo gorjeante.

La flor solitaria
Juan Ramón Jiménez

No vienen en tu busca, pobre flor solitaria;
-y, sin embargo, eres más bella que la rosa
pregonadora, que la mano partidaria
del destino abrió altiva, visible y victoriosa-.

Oyes, solo, en tu olvido, la verdad de la fuente,
que, cantándote amor, te vuelve sobre el cielo,
el verderón te cerca de un misterio elocuente,
la mariposa para por ti su blanco vuelo...

Y nadie sabe, flor, el encanto bendito
de tu soledad única, estasiada y divina,
cuando, a una brisa de oro, teñida de infinito,
el sol se va ocultando tras tu verde colina.



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De constitución recia y aspecto macizo, con una longitud de unos 14 cm, este fringílido, presenta acusado dimorfismo sexual que se manifiesta por el colorido del plumaje.
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Los machos tienen un color dominante verde grisáceo o pardo verdoso en el dorso que se aclara notablemente en pecho y vientre, con las alas franjeadas de amarillo y extremos oscuros, y las plumas rectrices centrales de color gris muy oscuro mientras las externas, presentan una ancha banda amarillo-dorada y el tercio terminal también gris oliva muy fuerte.



Poesía corcera
Alfonso Treviño.

"Cuando canta el verdecillo
y responde el verderón,
cuando los centenos levantan
y están los lirios en flor,
entonces es cuando el corzo
enseña sus cuernos a Dios.

Cuando canta el jilguero
y responde el carbonero,
cuando los trigos levantan
y están las amapolas en flor,
entonces es cuando el corzo
enseña sus hijos a Dios"




El pico en ambos sexos es cónico, fuerte y relativamente grande. Las hembras y los ejemplares inmaduros, son de color pardo intermedio, pero presentan marcas diferentes en alas y cola, semejantes a las de los machos, si bien en otra tonalidad.

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No demasiado gregario, solamente en invierno forma bandadas con sus congéneres y con otros fringílidos, pero nunca excesivamente
numerosas. Habita libre en campos cultivados, masas arbóreas cercanas a labrantíos y se extiende por casi toda Europa, Turquía norte de Arabia y norte de Africa.

Su longevidad alcanza aproximadamente los diez-doce años, superando los dieciocho con frecuencia. Aunque es huésped gustoso de la pajarera protegida o de la habitación-pajarera, puede ser albergado en jaulas individuales para canarios tamaño 'concurso' cuando desean tenerse machos. Si queremos mantener una pareja e intentar la cría, podemos preparar un jaulón de 80 x 30 x 40 cm como dimensiones mínimas correspondientes a longitud, anchura y altura, respectivamente.


A la memoria de un verderón
Alfredo Ajo Gonzalez

Un pajarito de colores
El niño entierra,
Chorretones de lagrimas
Manchan su cara;
¡ya sin alas!! Ya sin alas!
(la congoja lo hunde, lo ahoga)
Dos ramitas cruzadas
Sin tumba ni lapida
Dos ramitas cruzadas,
Sus deditos, con fuerza, clavan.

La dieta de este pajarillo debe consistir fundamentalmente en una mezcla equilibrada de semillas: alpiste, cañamón, mijo, trigo y cardo, complementada con verdura fresca o frutas pomáceas.

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Durante la ceba de los pollos, puede facilitársele pasta de yema de huevo y ninfas de hormiga. Con cierta regularidad, pueden dársele pipas de girasol y cacahuetes pelados como golosina. Siempre dispondrá de agua limpia y fresca.

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Tímidos y huidizos con el hombre, raramente podrían ser observados normalmente si habitan en una pajarera. Revolotean y se golpean contra los barrotes de los jaulones si no son visitados regularmente, procurando no hostigarlos. Los machos pueden ser agresivos entre sí y eventualmente molestos para otras especies convecinas, aunque esto ocurra más raramente.

Necesitan cambio y renovación diaria de agua y comida así como limpieza de perchas y suelos si son mantenidos en jaula. A pesar de que tiran más semilla de la que comen, no es conveniente dejar estos restos en el fondo del habitáculo, pues los ensuciarían y si, finalmente, los consumieran podrían contraer enfermedades intestinales.

Uno
Juan Jose Velez Otero

Los veranos en el pueblo
tienen color de amapola
y el aroma del enebro.

Cartago, Roma y Atenas,
lecciones en la ventana,
madreselva y yerbabuena.

El verderón en la jaula,
el pozo, brocal y soga,
el pozo, frescor de agua.

La brisa mueve las hojas
de la parra.

Ese olor a melón que endulzaba la casa en las tardes de agosto, en las siestas calladas,
era un sueño ovalado, era mudo fantasma
que llenaba alacenas, las alcobas, la nada.

En aquella penumbra silenciosa escuchaba
las palomas del patio, los rumores del agua
y un sonido redondo de costura en la sala.

Ese olor a melón aún me anida en el alma.


Bastante sencilla con ejemplares capturados muy jóvenes o habituadosa la cautividad, puede tornarse casi inviable con aves ariscas o recientemente cazadas en el campo.

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Deben facilitárseles nidos soportes ocultos por una 'pantalla de ramas' y cajitas anidaderas exteriores al jaulón, además de pelote y fibras vegetales. La puesta, de cuatro-seis huevos, eclosiona tras una incubación de unas dos semanas. Los pollos pueden abandonar el nido a los quince o dieciséis días de edad. Puede realizar dos o tres nidadas por temporada.

Su naturaleza montaraz les rinde particularmente sensibles a colapsos cardiacos y afecciones similares, por el miedo a su cuidador.