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jara

Arbusto perennifolio de 1,5 a 2 m de altura, de ramas rojizas. Hojas opuestas, estrechamente lanceoladas y de color verde oscuro por la haz, blanquecinas por el envés. Son muy pegajosas con un olor aromático que recuerda el bálsamo.
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Flores grandes de 5-10 cm de color blanco puro, generalmente con una mancha rojiza en la base de cada uno de los cico pétalos. Fruto en cápsula con 10 celdillas.
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Crece espontaneamente en la región mediterranea y tambien es cultivada ornamentalmente.
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En España es abundante en los montes del centro y mediodía. De sus sumidades se obtiene una materia aromática llamada ládano.
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Las ramas viejas exudan a veces una sustancia dulce llamada miel de jara.

Jara común, Jara pringosa, Jara de las cinco llagas, Jara negra. (Cistus ladanifer ) de la familia “cistaceae”.
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Su origen es el sur de Europa y su nombre específico de “ladanifer” alude a la producción de “ládano”.


Entre toros y caballos
Libero d´Ubeya

…La libertad y el valor,
son cosas de gran valía,
a los que no se valora,
hasta que las ves perdidas.

Cuando se es un torero,
no se mira el que dirán,
pues quien sabe del toreo,
no vuelve la vista atrás.

Jarales cubren los cerros,
y retamas las riberas,
de blanco se va tiñendo,
tu espesa y negra melena.

Entre caballos y toros,
fuiste de aquí para allá,
te has jugando la vida,
de Colombia a Portugal.


Las ramas superiores, las hojas y las inflorescencia, son viscosas por estar recubiertas de ládano. Esta resina se empleaba antiguamente como medicinal. Hoy en día se usa en perfumería como fijador. Sus hojas opuestas, estrechamente lanceoladas y de color verde oscuro por la haz, blanquecinas por el envés, son muy pegajosas con un olor aromático que recuerda el bálsamo.

Tiene flores grandes de 5-10 cm de color blanco puro, generalmente con una mancha rojiza en la base de cada uno de los cico pétalos.Son muy atractivas. Tienen 5 pétalos y son de diferentes colores (blanco, rosa, lila, púrpura, amarillo, rojo, etc.) y frecuentemente con manchas. A las pocas horas de haberse abierto, sus delicadas flores se desprenden y caen, pero nacen en tal cantidad, que los arbustos aparecen permanentemente cubiertos de color.



Amanecer de otoño
Antonio Machado

Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor;
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos, caminando un cazador.


El fruto es una cápsula globosa con 7-10 compartimentos que se abren en la madurez en otras tantas valvas. Crece espontáneamente en la región mediterránea y también es cultivada ornamentalmente.

Se usa en sitios difíciles de regar, para formar borduras, grupos o para revestir pendientes pedregosas. Resistencia moderada al frío, debe protegerse en invierno (5º-10ºC). El principal problema son las heladas que pueden dañar los ápices jóvenes. Si esto ocurre, se debe despuntar en primavera.

Prefiere sitios secos y soleados, así como un suelo bien drenado, dado que no tolera los encharcamientos, pero sí en cambio terrenos más bien secos. En regiones húmedas o lluviosas necesita invernadero. Crece en matorrales de suelo ácido (no calcáreo), especialmente en los más degradados, por lo que su presencia suele indicar suelos muy pobres. En zonas muy expuestas al viento, se les debe proporcionar algún sistema de apoyo.

Únicamente se podan las ramas muertas a finales del invierno, y despunte de las plantas jóvenes tras la floración para que se hagan más densas. Evitar cortar cuando la corteza es ya madura. Las plantas viejas y desgarbadas conviene desecharlas pues no responden a la poda. No reacciona bien a los trasplantes, por lo que cuando sea necesario, trasplantarla con todo el cepellón en primavera.

Las jaras son plantas que no dependen exclusivamente del fuego para su multiplicación, por ello no se las puede considerar pirófitas en un sentido estricto, sino más bien especies oportunistas, capaces de invadir medios fuertemente alterados, como son las áreas arrasadas por el fuego, las tierras de cultivo o de pasto abandonadas, o los terrenos de bosque deforestados.
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Campos de Castilla
Antonio Machado

Por donde el tren avanza, sierra augusta,
yo te sé, peña a peña y rama a rama;
conozco el agrio olor de tu romero,
vi la amarilla flor de tu retama;
los cantuesos morados, los jarales
blancos de primavera; muchos soles
incendiar tus desnudos berrocales,
reverberar en tus macizas moles.
,….

Las Cistáceas es una de las familias más características de la flora mediterránea, siendo el género Cistus (jaras), uno de sus principales representantes.
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Este género alcanza su mayor diversidad y abundancia en la Península Ibérica, en donde habitan 12 de las 16 especies que existen en la región mediterránea.

Todas ellas son plantas arbustivas, en general de pequeño tamaño, no obstante, en algunos casos pueden alcanzar un gran porte y desarrollo.
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Algunas de estas especies como C. ladanifer, C. laurifolius, presentan una amplia distribución, constituyendo enormes extensiones de matorrales (jarales) en regiones con veranos muy secos y calurosos, como en la Alcarria, mientras que otras tienen una distribución muy limitada e incluso puntual.
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Así, C. libanotis es una especie endémica de los matorrales costeros del suroeste peninsular; C. creticus sólo aparece en las gargantas del río Júcar (Albacete y Valencia) y C. heterophyllus subsp. carthaginensis se localiza, exclusivamente, en los matorrales áridos de la Sierra de Cartagena (Murcia)


Iba tocando mi flauta...
Juan Ramón Jiménez

Iba tocando mi flauta
a lo largo de la orilla;
y la orilla era un reguero
de amarillas margaritas.

El campo cristaleaba
tras el temblor de la brisa;
para escucharme mejor
el agua se detenía.

Notas van y notas vienen,
la tarde fragante y lírica
iba, a compás de mi música,
dorando sus fantasías,
y a mi alrededor volaba,
en el agua y en la brisa,
un enjambre doble de
mariposas amarillas.

La ladera era de miel,
de oro encendido la viña,
de oro vago el raso leve
del jaral de flores níveas;
allá donde el claro arroyo
da en el río, se entreabría
un ocaso de esplendores
sobre el agua vespertina...

Mi flauta con sol lloraba
a lo largo de la orilla;
atrás quedaba un reguero
de amarillas margaritas...



Las jaras son incapaces de rebrotar tras la destrucción de su parte aérea, siendo su reproducción, exclusivamente, mediante semillas. Por ello el mantenimiento de sus poblaciones se basa en alcanzar rápidamente el periodo reproductivo (unos tres años) y en una elevada producción de semillas por planta. Las semillas de las diferentes especies de jaras son de pequeño tamaño, lo que facilita su penetración y acumulación en el suelo formando bancos de semillas persistentes.
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Además, contienen pocas reservas nutritivas por lo que las plántulas tienen que comenzar a fotosintetizar lo más rápidamente posible; así, las jaras germinan preferentemente en espacios abiertos desprovistos de vegetación, en los no existe una limitación a la disponibilidad de luz, los frutos de las jaras (cápsulas) no se desprenden de la planta al madurar, sino que permanecen unidos a ella y al abrirse, van liberando las semillas de forma paulatina. Esto hace que la diseminación sea a corta distancia y durante un largo período de tiempo.
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La mayor parte de las semillas presentan una cubierta dura e impermeable al agua, en mayor o menor grado, y como consecuencia de la eficaz protección ofrecida por esta cubierta, suelen tener una longevidad bastante elevada. Estas semillas germinarán masivamente después de un incendio, o cuando sus cubiertas se hayan desgastado por causas naturales. Tras el fuego, la mayor parte de las semillas germinarán cuando haya la suficiente cantidad de agua disponible en el suelo y las temperaturas sean las adecuadas, dando lugar así a germinaciones masivas y sincronizadas y, por tanto, a una elevada densidad de plántulas en áreas arrasadas por los incendios. Las jóvenes plántulas se desarrollan entonces en suelos ricos en elementos minerales activos y sin una cubierta vegetal que compita con ellas por la luz, el agua o los nutrientes. En la Península Ibérica, los incendios naturales pueden haber sido el origen de la mayor parte de las enormes extensiones de jarales.