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humedal "el navajillo"



Esta laguna se encuenta dentro de la masa forestal del Pinar de Budia, cerca de la fuente llamada "la perdiz".

Se nutre del agua de lluvia como su hermana mayor conocida por "el navajo".


La diferencia es que la laguna "del navajo" está en la dehesa de robles y esta del "navajillo" está en medio de los pinos, pero se accede a ellas por la misma senda.

La laguna "del navajo" mantiene mucho más tiempo el agua que este humedal, donde suele crecer manzanilla y es un enclave muy frecuentado por la fauna de la zona.







fuente "Valdelagua"

Esta fuente está en un escondido y hermoso vallejo que desde la altura alcarreña va a dar al Tajo, y que hoy es pedanía de Budia.


Ha estado este poblado vacío y abandonado durante mucho tiempo, aunque ahora vuelve a renacer, en una expresión clara de lo que es el dinamismo histórico y social de la alcarria.







Este lugar pequeño y recoleto, situado entre las ondulaciones de la Alcarria más pura, fue originariamente de señorío real, pasando en 1434, por donación de la reina doña María, mujer de Juan II, a propiedad de don Gómez Carrillo y doña María de Castilla.

Por trueques entre grandes familias, Valdelagua pasó a pertenecer a los duques del infantado y marqueses de Cenete, dentro del sesmo de Durón, perteneciente a esta gran casa alcarreña. 

Es curioso que en julio de 2002 se ha llegado a realizar la "inauguración del tendido y luz eléctrica" en este pueblo, ya en el siglo XXI.

  
La llamada Casa Grande rehabilitada como centro social del pueblo, tiene a su vera la fuente y el lavadero.

Detrás está el edificio de la antigua escuela y de la casa del maestro en la planta de arriba.

Antiguamente venían a esta escuela también los niños del pueblo de Picazo.

Los chopos hacen de cortina entre los dos barrios y solo con la caída de la hoja hay algo de visibilidad de un lado a otro.

El conjunto de este humedal, con la fuente, el pilón y el lavadero, han sido restaurados hace poco, pero tiene una referencia escrita del 4 de octubre de 1955 en una pilastra de dos caños de bronce con un piloncillo circular.

Un hermoso paraje para recorrer.

Se dice que Valdelagua tiene un montón de fuentes inclusive dentro de bodegas y casas, por lo que espero añadirlas a este índice de fuentes y humedales de Budia, cuando consiga referencias de ellas. El nombre de Valdelagua no puede ser más prometedor para contener un ramillete de veneros y humedales en este precioso entorno.





fuente "el Cabezo"

Esta fuente se encuentra en un humedal que sale bajo el monte Cabezo
cerca del arroyo que viene de la fuente "el piojo", junto a una tubería de hierro que canaliza agua para la huerta del convento.

Se llega a ella por el camino del Olivar que pasa bajo el convento y pasando el pequeño puente del arroyo, antes de subir al camino.
Es una zona de sombra y fresco que invita al paseo.




fuente "el tío Gabino"

Esta fuente se encuentra situada en el camino Gualda que parte del camino Panaderos, antes de llegar a la conocida "fuente seca". Y está justo en la ladera de enfrente a esta senda.

Tengo pendiente conseguir una fotografía de este humedal, del que recuerda mi padre al "tío Gabino" regar con su agua una huerta de hortaliza que tenía en este entorno.

Sería interesante contar con alguna fotografía del mencionado "tío Gabino" enseñándonos alguna calabaza como la de la foto adjunta. Seguro que conseguía algunas hortalizas de buen tamaño en este enclave.



"la nevera de los frailes"

Este entorno no es una fuente, ni es un manantial,… pero la consideramos en esta recopilación "enclaves de fuentes y humedales de Budia",  como un lugar muy especial relacionado con el agua en esta villa, ya que justo aquí, en esta curiosa y antigua construcción,  los monjes de este monasterio llenaban de nieve este pozo de piedra para conservar durante mucho tiempo la fruta del convento y por tanto no deja de ser un pilón muy especial e histórico en esta villa de Budia.

El año de construcción no se conoce, pero podría ser del siglo XVII, ya que en esa époco se fundó el vecino convento.

Se dice que había un tunel que comunicaba este pozo con el convento, para poder recoger los frailes la fruta sin salir al exterior.




El convento de los Carmelitas es precisamente uno de los edificios a destacar en Budia, aunque permanece en ruinas. Su estructura fue un ejemplo de la arquitectura carmelita del siglo XVII español, fue fundado en 1688, bajo el amparo de Nuestra Señora de la Concepción. Aunque hasta 1732 no se fundó y fue levantado el convento e iglesia, el cual estuvo en funcionamiento hasta 1835, fabricándose en él gran parte del paño necesario para la vestimenta de la Orden de Castilla.

A este convento pertenecían las cartas de Ana de San Bartolomé y de Santa Teresa de Jesús, cartas manuscritas.

 

Su fachada aun se conserva en píe, puedes ver la estructura de la iglesia conventual, aunque el resto de la estructura está en ruinas, cobijando actualmente en su exterior al cementerio, desde que se retiró el "camposanto" que estaba antiguamente junto a la iglesia del pueblo cercano a la plaza. 

Con la desamortización de Mendizábal pasó todo el conjunto del convento, incluyendo esta "nevera de los frales" a ser propiedad vecinal, por lo que se construyeron en su interior muladares para guardar las caballerías durante las tareas clásicas de la era de Santa Lucía.

Las huertas del arroyo de la Reina bañan sus pies dejando un paraje ideal relleno de dorados, pardos y verdes en otoño, divisándose estupendamente desde este enclave tan característico de Budia.

Si se dice que los italianos fueron los primeros que introdujeron las frutas en la nieve inventando los helados de frutas al sur de los Alpes,… pero aquí,  justo en el corazón de la Alcarria, en esta "nevera" se conseguían mantener frescas mezcladas con nieve de la sierra norte de Guadalajara,  las frutas que en esta tierra salían a la luz, durmiendo plácidamente durante mucho tiempo al fresco en esta “nevera de los frailes”.




Pep Bruno tiene escritas referencias de estos “pozos de nieve” y dice que en la provincia de Guadalajara hay o ha habido "pozos de la nieve", que son lugares dónde se almacenaba la nieve caída en invierno para conservar en su frío los alimentos o disfrutar en verano de refrescantes bebidas o incluso helados.  Comenta que tiene noticias de que existen al menos dos pozos de nieve en Guadalajara (junto al río y junto al Mercado) y otros pozos del estilo en Budia, Sacedón, Cogolludo o Tendilla.

Explica Pep Bruno que ese lujo era para el alcance de muy pocos y tomar un refresco en pleno verano, en el siglo XVI, era ciertamente un verdadero lujo. La mayoría tenía que conformarse con el agua anisada de botijo, pero algunos, los privilegiados (monjes y nobles), disponían de este curioso medio para disponer de agua helada en pleno agosto alcarreño: un pozo de nieve.

En el Palacio del Infantado de Guadalajara, como no era para menos, también existía un pozo de nieve. El pozo en cuestión, situado estratégicamente en un lugar de umbría, después de llenarse con las nieves de invierno se cerraba, manteniendo la nieve hasta el siguiente invierno. Así, cuando a la duquesa, o al duque, o a alguno de sus invitados se le antojaba una jarra de agua helada, el criado encargado de la nieve tenía que tomar el caballo, llegarse hasta el pozo, descender por una temible escalerilla hasta el nivel almacenado -más bajo según iba pasando el verano-, coger la nieve precisa, ascender de nuevo, pasar de una baja temperatura al calor sofocante del verano, volver al palacio y servir la bebida.

Esta operación venía a durar entre una y tres horas y no estaba exenta de peligros. Muchos criados de la nieve habían muerto al caer en el pozo y quedar congelados en pleno verano, ya que cuando se les echaba en falta solía ser demasiado tarde. Otros muchos, debido al cambio brutal y constante de temperaturas, se constipaban fatalmente, llegando a morir la mayoría. Por eso, ser criado de nieve era considerado o como un castigo o como un puesto privilegiado para mostración de valor.


No sabemos mucho de los criados que hubo durante siglos en el Palacio del Infantado, sin embargo sí aparecen detallados listados de los criados de nieve, incluso con anotaciones sobre algunos sucesos de sus vidas o sobre sus trágicos finales. De entre todos destaca especialmente uno llamado Albo de San Pedro, del que destaca Peb Bruno historias y leyendas varias, que si os interesa podeos releer en este vínculo de la página web de “Tendilla”:






lavadero "de la pelos"



Este lavadero recibe el agua de una acequia que viene de la fuente de la Salud, pasando previamente por el lavadero de “Santa Ana” y regando las huertas de este lado del pueblo.

Baja luego a rodear los pies del “rollo o picota” bajando una pina cuesta hasta llegar a descansar en el arroyo.

Seguramente se le denomina “de la pelos”, por llegar a él algunos pelos del lavadero anterior…

El rumor que esta acequia ofrece al paseante es una delicia ya que no deja parar su armonía hasta llegar al arroyo que baña la vega de Budia.

Es una imagen costumbrista que actualmente ya casi no se ve, aunque de vez en cuando puedas encontrar a alguna mujer enguagando algo en los lavaderos... pero el rumor del agua y los recuerdos de estos puntos de encuentro,  no se olvidarán nunca sobretodo bajando a este lavadero de "la pelos" paseando por la calle del Solorno hasta el puente nuevo.

lavadero "de la Soledad"





Este pilón, actualmente remozado y techado, era el más utilizado del pueblo, cantando siempre a la ermita de la Soledad, ya que el arroyo la rodea danzando sin parar.

Algunas mujeres también lavaran bajo el convento en el arroyo junto a la fuente denominada "el piojo" y también se acostumbraba a labar en el lavadero de “la pelos” que era el que estaba más abajo del pueblo.


Pero este lavadero de "la Soledad", es el más caudaloso y concurrido, ya que recoge el agua de la fuente de la Salud junto a la ermita de San Roque y viene bordeando el arroyo, acariciando a todas las huertas de Budia que se encuentra hasta llegar al lado opuesto del pueblo y desembarcar en el otro lavadero junto al rollo o picota.

Este lavadero se le denomina el de “la pelos”, … casi seguro por contener un montón de pelillos en el agua a lo largo de ese remanso,  al haber lavado un montón de prendas previamente en el pilón  principal junto a la ermita de la Soledad de la entrada del pueblo, ya que era el más concurrido y llevaban allí casi toda la ropa de la vecindad.


Este lavadero ha sido restaurado hace pocos años y realmente ha quedado impecable y coqueto.

Tanto es así, que ha sido motivo de elección para ser uno de los cuadros en el concurso de pintura rápida del año 2011. Lo ha pintado Ximena, una amiga de mi hijo Ricardo ... y para dejar constancia de ese trabajo, os publico una fotografía del cuadro en el que refleja Ximena con mucho estilo el romanticísmo de este enclave.